El Cardenal Josef Ratzinger en 1969 hablando de la Teoría de la Evolución.

 

Por lo que concierne a la evolución del cosmos y de la vida en la Tierra, cuanto más improbable resulta nuestra propia existencia, tanta más fuerza cobra la invitación a afirmar con certeza que en la fuente de nuestro ser no está la ciega casualidad que nos ha arrojado en el mar de la nada, sino una libertad que tiene los rasgos de un rostro amigo Nadie ha expresado mejor esto que el entonces cardenal Ratzinger cuando escribía en 1969 que "la teoría de la evolución no anula la fe, ni tampoco la confirma. Pero la reta a comprenderse mejor a sí misma y a ayudar así al hombre a convertirse cada vez más en lo que está llamado a ser: una criatura capaz de decir Tú a Dios durante toda la eternidad".