DISCUSIONES ERRADAS SOBRE LA VIDA Y LA EVOLUCIÓN
Alberto Sáenz Enríquez


En esta época abstrusa y decadente las discusiones sobre asuntos a la vista obvios, asumen un papel significativo por estar envueltos los conceptos en intereses, apegos, justificaciones, o insistencias que poco o nada tienen que ver con la realidad científica, con los hechos y con la lógica.

Por ejemplo, al existir un debate sobre cuando se inicia la vida humana, sólo la biología puede aportar la respuesta y la respuesta que ofrece la biología no puede ser otra que la del momento en que las células haploides, óvulo y espermatozoide se integran en una célula diploide con toda la información genética activada para desenvolver una vida humana individual. (Incluso en un clon que utiliza por principio una célula diploide, la vida humana se inicia en el momento en que esta célula se activa para reproducir una nueva vida)

Discutir que esto no es así, no lleva a ningún lado, porque ya no será nunca una solución científica. Los que alegan que esto es una respuesta religiosa mienten estólidamente. Que la religión defienda esta verdad no la hace religiosa, simplemente la hace honesta.

Antes de este descubrimiento CIENTÍFICO, San Agustín y Santo Tomás de Aquino, los mas grandes teólogos del catolicismo no defendían este punto de vista, porque se ignoraba totalmente el conocimiento de la genética o el ADN.

Estos grandes teólogos condenaban desde luego todo atentado contra la vida humana ya potencial o actual, pero no consideraban homicidio, aunque si falta grave, el atentar contra la vida recién concebida.

La aparición de la ciencia genética a partir de los descubrimientos de Gregorio Mendel , llevados a su confirmación definitiva por el descubrimiento de las claves de la herencia en el ADN por obra de Watson y Crick, no dejan vuelta de hoja para la definición de la vida humana desde la aparición de un código genético absolutamente individual.

Del mismo modo no dejan opción para los que defienden que las mutaciones incrementan el contenido genético.

Descubierto en absoluto, que una mutación es siempre una depauperación, desinformación y daño irreversible al código genético, resulta ya absurdo atribuir otrosí, a mutación alguna, un papel como seleccionadora de evolución alguna, seguir insistiendo en que hay mutaciones de éstas, ya no es ciencia, es ciencia-ficción solamente, como lo ha hecho notar el Dr. Raúl O. Leguizamón.

Estos descubrimientos echan por tierra las explicaciones de Carlos Darwin sobre selección natural, de Teilhard de Chardin (y sus leyes de complejidad -conciencia que pretenden burlar la segunda ley de la termodinámica), de Richard Goldschmith (el de los monstruos esperanzadores por obra de mutaciones maravillosas por casualidad) y asimismo todas las lucubraciones evolucionistas a fortiori de Niles Eldridge, Stepehen Jay Gould o Richard Dawkins, que simplemente defienden el evolucionismo como si fuese un dogma de fe irrebatible, porque a ellos se les da gana, pero no ya por conclusiones obtenidas de la ciencia.

Los descubrimientos de Michael Denton y Michael Behe sobre "o todo o nada" -o sea que es ya iluso pensar en facultades orgánicas desarrollándose paulatinamente- como la vista, el oído, el vuelo, la coagulación de la sangre etc. sino que si no se cuenta desde un principio con todos los elementos orgánicos actuando simultáneamente, no se produce la función, son concluyentes para desmentir los argumentos evolucionistas.

Claro que siempre quedan rezagados que defienden las ideas caducas por inercia, pero sus argumentos ya no tienen valor, son ya irrelevantes, aunque se sigan presentando en los "media" como irrebatibles. Se sostienen por dinero, por influencia y poder económicos, por terquedad en no aceptar lo legítimamente científico y por ello discuten y discutirán quizá eternamente, para engaño de quienes son incapaces de ver transparentemente a la verdad.

La Iglesia Católica, empero, siendo absolutamente tolerante y abierta a la legítima investigación científica, ha optado desde la publicación de la memorable encíclica del Venerable Pío XII "Humani Generis" a no condenar ninguna investigación honesta sobre nuestro origen, confiando siempre en el Espíritu de Dios que ha inspirado la Sagrada Escritura y a la vez ha creado al mundo.

Alberto Sáenz Enriquez

Marzo 21 2009


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